RESEÑA – CHRISTOPHER ROBIN

RESEÑA – CHRISTOPHER ROBIN

julio 30, 2018 0 Por Lalo Olivares

Winnie The Pooh nació de la mente atormentada de Arthur Alexander Milne, escritor inglés, pacifista en ocasiones, soldado de dos guerras mundiales y tremendo dramaturgo que sólo será recordado en la posteridad por sus cuentos infantiles. Milne publicó, entre 1926 y 1928, dos compendios de historias cortas que dieron vida a los hermosos personajes del Bosque de los Mil Acres: Piglet, Eeyore, Tigger, Rabbit, Owl, Kanga y Baby Roo.

Los personajes que adquirieron personalidad en las locuras imaginativas de Milne se inspiraron de peluches reales, los juguetes de su hijo, Christopher Robin.

La cinta empieza entonces con un montaje nostálgico que pasa por las aventuras de Christopher Robin junto a sus amigos para acabar en la fiesta de despedida que cierra el segundo libro de Milnes. Vemos las dinámicas del grupo, los juegos comunes y las siestas en el pasto, vemos competencias de palos en el río, vemos el puente y la casa de Igor (digámosle por su nombre en español), vemos amistades curtidas por interminables expediciones.

Finalmente, observamos a Pooh y Christopher sentados en un leño, despidiéndose en una última puesta de sol. Desde ahí, sabemos que nada será igual.

El resultado es una película familiar que, definitivamente, no está hecha para conectar con un público joven. Esta cinta totalmente inmersa en la nostalgia, busca recordar miedos infantiles para emparentarlos con los miedos presentes de adultos nostálgicos.

El personaje de Christopher Robin, que tenía más o menos mi edad cuando vi la caricatura, tiene más o menos mi edad de ahora. En ese sentido, está hecho para crear una empatía directa con todo el segmento poblacional de millennials nostálgicos que están atrapados en trabajos con los que no soñaban. Nosotros somos el ejército de hombres grises, bajo paraguas iguales, que señala la película. El cine, de alguna forma, aparece así como una forma catártica de regresión.

A pesar de ser temas sensibles, estos no logran ser emotivos porque la resolución a los principales nodos de la película fueron muy rápidos y predecibles. Se le dedica muy poco tiempo a la despedida de Winnie y Christopher, así como a su reencuentro, en el cual Pooh es rechazado porque es significado de inmadurez para Robin. Aunque al parecer, ambos aceptan las conclusiones sin mayor problema.

La producción es impecable. Los planos generales en los Bosques de Ashdown –en los que el creador Milne se inspiró para escribir el primer libro de Pooh– que sirven de escenario para los Bosques de los Cien Acres, son sensacionales. Además, el cuidado de los detalles en los peluches para lograr un movimiento natural y una sensación de antigüedad y suciedad después de tantos años lejos de Robin, son muy bien logrados.

Christopher Robin no logró acompañarnos después de mucho tiempo, como Andy lo hizo en Toy Story. Sin embargo, es entretenida y por momentos graciosa a pesar de las deficientes actuaciones y las resoluciones fáciles. Además, el nuevo público infantil podría quedar muy satisfecho y contento con una historia tan sencilla y lenta que caracteriza a esta nueva entrega.