RESEÑA: EL ACUSADO Y EL ESPÍA (J’ACCUSE), de Roman Polanski

RESEÑA: EL ACUSADO Y EL ESPÍA (J’ACCUSE), de Roman Polanski

25/02/2020 0 Por ericktreglia

“Es un crimen explotar el patriotismo para trabajos de odio” -Émile Zola

Luego de películas como Dreyfus de Richard Oswald, Prisioner of honor de Ken Russell o The Life of Emile Zola de William Dieterle –ganadora del Oscar a mejor película, pero criticada por no mencionar el antisemitismo durante el juicio contra Dreyfus– sobre el caso en que el capitán francés Alfred Dreyfus, oficial judío, es acusado de traición por espiar al ejército francés para los alemanes y condenado a cadena perpetua en la Isla del Diablo en la Guayana Francesa, llega El acusado y el espía, que aunque no es la mejor obra de su director, Roman Polanski, pero a fin de cuentas es una película de Polanski, le valió doce nominaciones a los premios César –el equivalente francés de los premios Oscar– y obtener el galardón a Mejor Director hace unos días. Tal situación tuvo reacciones de desapruebo por parte de artistas como Adèle Haenel, quien abandonó la sala al escuchar dicha premiación exclamando: “¡Vergüenza! ¡Viva la pedofilia!” que dejó en claro su postura, y la de muchos otros, en rechazo del director por sus antiguas acusaciones de abuso sexual a Samantha Geimer.

En 1894, el capitán Alfred Dreyfus (Louis Garrel), oficial francés judío, es condenado a la deportación a causa de haber suministrado documentos secretos a los alemanes. Es entonces que el comandante Marie-Georges Picquart (Jean Dujardin), promovido a teniente coronel y jefe del Deuxième Bureau, descubre que el comandante Ferdinand Walsin Esterhazy (Melvil Poupaud) es el verdadero espía de Alemania y que su propio asistente, Hubert Henry (Grégory Gadebois), es consciente de que el verdadero traidor no es Dreyfus sino Esterhazy, apodado Dubois.

Por su sentido del deber y del honor, Picquart se niega a obedecer a sus jefes quienes le ordenan enterrar el caso. Es amenazado, detenido y encarcelado, pero sigue adelante y establece contacto con el escritor Émile Zola, quien publica una carta abierta en un periódico titulada “Yo acuso” en la que expresa su indignación y señala a los encubridores. La verdad estalla y el tribunal supremo reconsidera la condena de Dreyfus. Durante doce años, este problema hace pedazos a la Francia de la tercera república francesa y escandaliza al mundo entero.

Sin importar el vestuario y la ostentosidad de finales del siglo XIX e inicios del XX, El acusado y el espía es no sólo un gran espectáculo muy bien filmado y actuado, sino además, de una actualidad abrasadora, pues cabe mencionar que, tan sólo en Francia, en el último año han aumentado en un 74% los actos de odio en contra de judíos –no es de sorprenderse entonces que Roman Polanski, habiendo vivido las persecuciones del holocausto en carne propia, al ser de ascendencia judía, quisiera ahora revalorar este caso.

Tenemos entonces a un defensor de Dreyfus –interpretado elogiablemente por Dujardin, a quien estamos más bien acostumbrados a ver en papeles de comedia– que se salva de su propio antisemitismo por medio de su lucha por la verdad: pone de lado sus prejuicios para evitar un mal mayor; lo que podría funcionar como ejercicio para nosotros ante el caso Polanski. Tanto por el aspecto cinematográfico como por su relevancia actual, vale la pena seguir el ejemplo del coronel Picquart y, como espectadores, hacer a un lado nuestros valores para poder apreciar la película. O, como sostuvo Alberto Babera, director del festival de Venecia, en que el director obtuvo el Gran Premio del Jurado, “es necesario hacer una distinción entre el hombre y el artista”.

Si bien su culpabilidad respecto a los cargos en su contra es innegable, de la misma forma El acusado y el espía llega y nos recuerda que Roman Polanski es, indiscutiblemente, un maestro de la cámara.