RESEÑA: I WANT TO EAT YOUR PANCREAS, de Shinichirou Ushijima

RESEÑA: I WANT TO EAT YOUR PANCREAS, de Shinichirou Ushijima

05/30/2019 0 Por ericktreglia

“Estar vivo significa llegar al corazón de las personas.”

Habría que empezar disipando las dudas que su título pudiera provocar. No, ésta no es una película de horror. El título es explicado casi en la primera escena de la historia: En la antigüedad, algunas culturas creían que comerse cierta parte del cuerpo lograría que la persona que la consumiera se sintiera mejor, como comerse un hígado para tener un mejor hígado. Adicionalmente, en algunas religiones, se piensa que si comes una parte de alguien, su alma entonces vivirá dentro de ti.

Esta película es en realidad la tercera adaptación de una novela homónima que fue publicada online. Después de ser un gran éxito, la novela recibió un manga, una adaptación live-action y ahora un anime.

Sakura Yamauchi es una chica de 17 años a la que se le ve con gran ánimo, pero esconde algo terrible detrás de su sonrisa: sufre de una enfermedad terminal en el páncreas y tiene muy poco tiempo de vida. Su enfermedad es desconocida por todos hasta que nuestro narrador sin nombre (su nombre es intencionalmente escondido hasta el final de la película) encuentra su diario, llamado “Viviendo con la muerte”, durante una visita de rutina al hospital. Él promete mantener en secreto su enfermedad, pero su intercambio de conocimientos los va acercando a lo largo de los últimos meses de vida de Sakura.

La sombra de la muerte se mece sobre toda la trama. El saber que Sakura fallecerá mucho antes que el protagonista y sus amigas crea un sentido de malestar en cada momento que los dos personajes comparten, haciendo la historia agridulce. Sin embargo, esto no es para decir que la película es pesimista; de hecho, se obtienen bastantes risas. La forma en que la personalidad alegre de Sakura contrasta con lo moderado y reservado del protagonista crea más bien, para algunos, momentos graciosos.

Cuando la muerte de Sakura sucede, no obstante, no deja de ser impresionante, pues llega de la nada y nos es revelado que no aconteció de la manera en que se esperaba: un gran golpe que nos lleva al acto final.

La premisa de I Want to Eat Your Pancreas es muy bien usada, quizás demasiado para algunos. Tenemos una chica feliz, enérgica, quien secretamente se está muriendo, que se hace amiga de un chico tranquilo y socialmente retraído y lo ayuda a ver cuán hermosa es la vida. Por otra parte, el filme utiliza de forma óptima su concepto para impulsar un desarrollo de los personajes, no sólo con el protagonista, sino también con Sakura.

La película no presume una larga lista de personajes, aunque debido a que está enfocada casi solamente en la relación entre Sakura y el protagonista, no necesita una, pues son sus interacciones las que cargan el peso de la cinta.

Toda la historia es contada a partir de la perspectiva del protagonista, haciendo un recuento sobre cómo conoció a Sakura y la manera en que hacerlo cambió su vida. Sakura es inicialmente presentada como alguien casi irritante y extremadamente alegre, pero se las arregla para capturar cómo una persona que sufre una enfermedad terminal sobrellevaría su inminente mortalidad. El protagonista, por otro lado, a veces parece inexpresivo pero se va abriendo gradualmente al mundo. Sin embargo, su desarrollo proporciona un buen contraste con Sakura y es él quien comienza a aprender el valor de las relaciones y a aprovechar la vida al máximo.

Hablando del sonido, la canción del opening “Fanfare” es vigorosa y animada y da un falso sentido de seguridad  a la audiencia. Esta yuxtaposición se completa cuando alcanzamos los créditos finales y aparece la canción “Four seasons” que es una elegía melancólica a los buenos tiempos que nos son interrumpidos con aquellos a quienes amamos. Dicha canción resulta la más memorable pues realmente crea el ambiente no sólo para la película sino para su mensaje.

I Want to Eat Your Pancreas no es la película de mayor impacto visual, pero no es menos conmovedora y llena de sorpresas que no amerite verla. Es una historia brillante que puede emocionar a cualquier persona que tenga algún tipo de conexión con su concepto: tiene suficiente emoción del trabajo de Makoto Shinkai, suficiente imaginación de una película de Mamoru Hosoda y suficiente corazón de una pieza de Naoko Yamada como para conmover hasta las lágrimas y entregar su moraleja.

La película hace una pregunta engañosamente simple de responder: ¿qué significa estar vivo? Es fácil decir que estar vivo es no estar muerto, pero hay más en la vida que respirar, comer, beber y dormir. Es sobre hacer amigos, pedir disculpas, amar incondicionalmente, ver todo lo que el mundo tiene para ofrecernos y encontrar algo (o en este caso, alguien) que nos haga sentir realizados.