RESEÑA: El Vicepresidente: Más Allá del Poder (VICE), de Adam McKay

RESEÑA: El Vicepresidente: Más Allá del Poder (VICE), de Adam McKay

29/01/2019 0 Por ericktreglia

“When you have power, people will always try

to take it from you. Always”.

Gran parte del diálogo sobre Vice gira en torno a la transformación de Christian Bale (quien se comprometió total y magistralmente con el personaje) en el increíblemente insano Dick Cheney, y en qué tan explícitas fueron sus políticas.

Lo segundo es absolutamente cierto. Los cineastas, incluido el escritor y director Adam McKay, han intentado defender la película más por ser verídica que por ser, de alguna u otra forma, política.

La película sigue los hechos lo más cercanamente posible, dándole a Cheney una naturaleza extremadamente discreta. También está brutalmente opuesta a las políticas particulares de Cheney y a la derecha en general, y a cualquier pretensión que no sea la de fijarse en los detalles. Administra un delicado balance de acción: presenta a Cheney no como una caricatura, sino como una personal real y complicada quien frecuentemente hace compromisos a través de los que sacrifica valores personales a cambio de beneficio político. Este tipo de compromisos así de desagradables como los pensamos, son también una dura realidad para todos.

Lo que separa a Cheney, y otros como Donald Rumsfeld (Steve Carell) no es en sí que se comprometan, sino que eventualmente van mucho más lejos; que, en realidad, ellos pervierten el sistema y lo transforman en algo que funciona para su propio bien, más que para el bien común.

Cheney, de cualquier forma, es el villano más fácil; es por demás conocido y odiado, incluso por muchos conservadores, y McKay no podría haber escogido un blanco más fácil. La película es buena porque McKay, quien también fue nominado al Oscar por The big short, se interesa por hacer buenas películas. Si lo único que quería era elevar la ira en contra de Cheney, pudo haber mostrado simplemente una imagen suya y algunas de sus frases por dos horas.

En lugar de eso, revisa toda la carrera de Cheney. Cómo él estuvo ahí cuando Roger Ailes conspiró con la Casa Blanca de Nixon para dinamitar la Doctrina de la Imparcialidad y crear el brazo propagandístico oficial del partido republicano, conocido engañosamente como Fox News. Cómo él convenientemente dirigió una compañía petrolífera que lo benefició de las guerras que él mismo defendió en países ricos en petróleo. Habla de cómo el que George W. Bush (Sam Rockwell) y Dick Cheney fueran electos por un estrecho margen principalmente debido a la Suprema Corte, en la que su amigo Antonin Scalia tuvo el voto decisivo, detuvo de manera dudosa el reconteo en Florida. Y más indignante para la mayoría será cómo él impulsó la Guerra de Irak, con 4,550 muertes estadounidenses y más de 600,000 iraquíes, no debido a la seguridad nacional (se ha probado definitivamente que Irak no poseía armas de destrucción masiva y probablemente no representaba un amenaza excepto quizás hacia sus naciones vecinas) sino porque estaba repleto de petróleo y Cheney no iba a soportar que los iraquíes lograran quedárselo. Lo más condenatorio es probablemente que, como la película lo muestra, él se adentró en la política meramente por ambición personal, significando entonces que todo esto fue hecho sin el más mínimo pensamiento por la gente estadounidense.

Ésa no es la parte más difícil de todo el filme. No, el reto más grande es hacia quién está realmente señalando el director: hacia nosotros.

La conclusión de la película es ineludible, y no es que Cheney es un cretino. Eso lo sabemos. No, la verdadera conclusión es que pudo no haberse salido con la suya si no hubiera estado ahí también la apática autocomplacencia del público norteamericano. Entonces, es la gente y no Dick Cheney, el personaje más temible en Vice. (Atención a la escena a mitad de los créditos, es pieza clave para comprender mejor esto).

Lo que implica esa escena, es algo que se fue sugiriendo a lo largo de la película: los estadounidenses no se interesan y jamás se han interesado en lo que realiza el gobierno, siempre y cuando no repercuta en su vida diaria. Por supuesto, es muy fácil estar indignado en retrospectiva sobre la guerra en Irak, pero era lo suficientemente popular al mismo tiempo en que cuestionarla te hacía un radical en contra del ejército norteamericano ante los ojos de muchos. ¿Cuántos soportarían ser presas de dichas percepciones hoy en día? Con la guerra en el medio oriente que luce como un estado perpetuo de negociones sin un fin razonable a la vista, incluso aquellos que, a pesar de estar de acuerdo en ir a Irak, han sido forzados a reconocer que la situación era mucho más compleja que simplemente hacer escándalos sobre terroristas.

De hecho, la apatía total de la mayoría de los estadounidenses es un gran problema y la principal razón de lo que actualmente tienen: un inexperto y célebre fanfarrón como presidente; las encuestas han mostrado que Donald Trump ganó la presidencia no por aquellos suscritos a su ideal de “hacer América grande otra vez” sino porque la gente se quedó en casa en lugar de ir a votar.

Yo personalmente me referiría a Vice como la película de horror más efectiva del año, y una de las razones es por lo aterrador que resulta ver la cantidad de actos ilícitos, avaricia y miseria que aceptamos sin siquiera llegar a estar tan enojados que nuestra indignación nos haga finalmente involucrarnos y hacer algo.

Nominada a ocho premios de la Academia, incluyendo Mejor Película, Vice llega a carteleras mexicanas este viernes 1 de febrero, los incito a verla teniendo la siguiente pregunta en mente: ¿Cuánto tiempo más durará esta relación entre nosotros y la apatía o falta de humanidad que frecuentemente dejamos ver?